
27 mayo, 2026 – 2027
Sala Amparo. Segunda planta.
Comisario: Eduardo Valiña
Desde una vida en constante itinerancia se configura un discurso que surge del azar desde el juego en el que la artista y su compañero desarrollan una actividad plástica con un fin didáctico, sin la pretensión de llegar a configurar un proyecto que tenga una trascendencia más allá del fin para el que fue creado.
Este hecho servirá de detonante para que la artista comience a construir un discurso a través de la técnica del collage en el que representa sus inquietudes desde una mirada femenina, poniendo en primer plano el desequilibrio de género, ayudándose de imágenes que contraponen el desequilibrio en diferentes ámbitos de la sociedad, confrontando imágenes de mujeres de diferentes lugares del mundo para denunciar las injusticias antes las imposiciones del patriarcado.
En este sentido la artista utiliza diferentes recursos siempre con una ironía que abre un diálogo en el que el humor funciona como reclamo para mostrar imágenes en las que se cuestionan las relaciones entre masculino y femenino, así como otras cuestiones relacionadas con el género, desde un análisis íntimo en el que subyacen las diferentes etapas creativas en consonancia con la vida itinerante en relación al exilio.
Por otra parte se intentará relacionar las distintas temáticas a las que la artista recurre como problemáticas medioambientales que se presentan a través de elementos naturales, zonas residuales o actividades que pueden suponer un riesgo para los ecosistemas. En este caso la composición se establece como un juego para descifrar diversos factores que se relacionan directamente con el paisaje humano y las intervenciones sobre el medio, suponiendo una denuncia clara en la que se vincula género y contexto.
Amparo siempre parte del espacio doméstico, la casa supone el punto de partida, un lugar que ella misma configura como habitable y referencia de representación que se manifiesta a través de una técnica accesible, el collage funciona como un proyecto portátil, fácil de transportar como su propia vida y su legado que no llega a exhibirse porque coexiste en un sistema interno de producción.
Analizar esta apuesta supone internarse en la mirada femenina en un mundo analógico que arranca del papel couché las demandas de un feminismo doméstico que utiliza el material como arma necesaria para abrir las puertas a un escenario de igualdad.


