Saltar al contenido
Home » Exposiciones » EUGENIO GRANELL. EL ENCANTO DE TODAS LAS MUJERES

EUGENIO GRANELL. EL ENCANTO DE TODAS LAS MUJERES

16 marzo, 2016 – 5 marzo, 2017 Salas 2 y 3. Segunda Planta

La exposición Eugenio Granell. El encanto de todas las mujeres comisariada por Natalia Fernández Segarra se podrá visitar en las salas 2 y 3 de la segunda planta de la Fundación Eugenio Granell hasta finales de año.

 
INICIO Eugenio Granell FIN INICIO Eugenio Granell FIN INICIO Eugenio Granell FIN   INICIO Eugenio Granell FIN   INICIO FIN       INICIO FIN    

Aquí aparecerá el título

 

Para esta exposición, El encanto de todas las mujeres, estuve mirando dibujos que, a lo largo de los años mi padre, Granell, me fue regalando. Encontré retratos de mi madre, Amparo, pero, los que más me llamaron la atención fueron las obras, principalmente sobre papel, de mujeres en momentos domésticos o en alguna actividad física: mujeres en acción, mujeres que vuelan, mujeres resolviendo problemas. Estos dibujos abarcan, principalmente los años 1941-1945, años en los que Granell se inició en la pintura y en el surrealismo. Como puede verse en esta exposición también se dedicó a su nueva vida en República Dominicana como esposo y padre. Es importante leer la carta que en 1956 le escribió a su amigo José Rubia Barcia sobre el matrimonio. Mi padre fue un personaje único: siempre defensor de las causas por las que luchó y arriesgó su vida varias veces: la libertad, la ética. Un personaje amigo de sus amigos. Granell sabía escuchar, a la vez que era un gran conversador. Persona digna de valorarse y de servir como ejemplo.
Natalia Fernández Granell
Directora y Comisaria de la exposición

“Querido Barcia: Ya sé por los amigos que tienes una familia estupenda, con unos niños maravillosos. Y no puedes imaginarte lo que esto me alegra. Resulta que después de pasarse despotricando contra esa institución dos generaciones enteras, a la postre, entre la quiebra de tantas y tan tremendas cosas, una familia es algo de máximo valor. Sin ella, no sé cómo se podría ni siquiera dialogar –si es que esto ya no es casi todo-, ni luchar, ni poder pasar tantas cosas, y, principalmente, cómo diablos tener esperanzas de qué y para qué.” (carta de Nueva York del 30 de octubre de 1956).